Son las cinco de la mañana del lunes y el grupo de amigos está sentado en la esquina del barrio, dentro de una tienda. Todos miran sus relojes y voltean al tiempo sus caras hacia el Nichi: “!hey! llevamos diez minutos esperando a Bromo, llámalo ya” (siempre en un grupo de amigos hay alguien que demora la salida).

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post-coco-semana2-3Mientras el Nichi saca el celular del bolsillo, al otro lado de la calle aparece Bromo con un morral gigante a medio arreglar, y unas ojeras iguales a las de un perro san bernardo. Como era de esperarse, se había quedado jugando videojuegos hasta tarde. Nichi ‘choca’ la mano de Bromo y le da un ‘calvazo’ por dejarlos esperando.

Ya listos, caminan por el barrio hasta el inicio de la gran avenida, donde podrán agarrar un aventón hasta su destino. Todos sabemos que esos inicios de caminatas grupales son muy divertidos: los chistes, las historias y la camaradería de cualquier aventura. Pero después de dos horas sin haber visto ni vehículo grande que los pudiera llevar, la comitiva comienza a mostrar los primeros signos de cansancio. La risa pasa a ser desespero y todos comienzan a sudar. Por lo menos para el hambre y la sed hay un par de refrescos y las galletas que el Nichi trajo de provisiones (aún queda una buena cantidad para el resto del paseo).

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Los muchachos, ya cansados, se sientan al borde de la carretera. Están tristes porque su idea del aventón no ha sido exitosa. Es hora de hacer la primera colecta para pagar los pasajes de todos en la primera chiva que pase vacía (y esperar a que el señor conductor resulte buena gente).

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