Son las tres de la tarde del segundo día y nuestros amigos están lavando la chiva en medio de la carretera. El interior del vehículo parece un campo de batalla después la “gracia” que hizo Miguel Ángel. El conductor los ve con una sonrisa de oreja a oreja por los pesos que se está ahorrando en la lavada –¡y bastante bien está quedando!–.

Poco a poco la chiva vuelve a ser habitable, con el esfuerzo de todos y su rutina de “trapo sube y trapo baja”. Todos trabajan en equipo, menos…

post-coco-semana2-4– ¡Hey Nichi! ¿dónde está Bromo?  –preguntan los muchachos. Buscan arriba de la chiva, dentro de la chiva, atrás de la chiva, pero Bromo no aparece por ninguna parte. Le dan la vuelta al carro, pero no hallaan su rastro. De pronto, Nichi se agacha como última opción y allí está, escondido, durmiendo, lejos del sol y los baldes y los trapos.

¿¡Pero cómo es posible que todos trabajen mientras Bromo duerme!?, se pregunta el grupo en voz baja. “Espere y verá”, les dice Nichi, mientras les cuenta su plan.

post-coco-semana2-3El grupo se va hasta la parte trasera de la chiva, y comienzan a empujarla hasta que Bromo queda al descubierto. Y entonces,  todos se lanzan sobre Bromo haciendo el famoso “cargamonton”, mientras le hacen cosquillas. Todo es risas hasta que sienten qué retumba el pavimento cuando el conductor salta desde su silla para unirse al grupo. ¡Cuidado! Grita alguien cuando ve el salto. Todos se quitan del medio, menos Bromo, que presencia horrorizado la gran masa que viaja a toda velocidad hacia él.

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El chofer toma aire y se pone de pie, dejando en el suelo al pobre Bromo, sin aire. El resto de sus compañeros estallan en risas, por lo que acababa de suceder.

El grupo se monta de nuevo la chiva y continúan el viaje. Falta poco para llegar a la playa: un par de kilómetros más y comenzarán a ver el horizonte azul. El mar ya está casi enfrente, solo faltan unas pocas curvas.

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