El profesor muy ofuscado, pregunta nuevamente: ¿quién fue el gracioso que se atrevió a hacer esta broma en mi clase? El ambiente estaba muy pesado, todos guardaban silencio esperando la reacción de Nichi, pues todos se habían dado cuenta que fue él quien lanzó la aeronave.

Mientras tanto el Nichi sudaba y sudaba, y pensaba ¿Qué hago? ¿Cómo me salgo de ésta? Si me quedo callado y hacen el examen todo el salón se me viene encima y será una pesadilla todo el año escolar. Si le pongo una trampa a uno de mis compañeros para librarme de esto segurito segurito también me odiarán por haberle hecho eso… ¡Baby yisus ayúdame esta vez, te prometo que no volveré a hacer travesuras!

De repente a Nichi se le iluminó el bombillo, ¡ya sé!  Si digo que fui yo todos en el salón verán mi valentía y me van a adorar, las nenas lindas me van a admirar y querrán acercarse a mí, los “grandulones” me aceptarán y van a querer ser mis amigos. ¡Ja! Se me arregló el año con esta gran idea.

Con actitud muy valiente y decidida Nichi se pone de pie y casi con un grito exclamó: ¡Querido profesor, fui yo! Todo el salón quedó en silencio para después estallar en aplausos y gritos a favor del Nichi. El profesor quedó sorprendido por la actitud (aunque ñoña) valiente de su alumno, y casi sin habla nuevamente exige orden: ¡silencio! Con que fue usted joven Nichi -exclamó- me sorprende su valentía, sin embargo, lo que hizo no está permitido y tendrá un fuerte  castigo.

Asustado pero feliz por la decisión que había tomado Nichi estaba dispuesto a asumir las consecuencias de sus actos.

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