Se terminó el día escolar y Nichi estaba preparado para enfrentar su destino: primer día de castigo. Al día siguiente el pobre Nichi llegó al cole, y en la puerta del salón lo estaba esperando su profesor, ni si quiera lo dejó entrar sino que de una vez lo despachó para la biblioteca a comenzar con el castigo. Entró a la biblioteca y fue como entrar a un lugar desconocido, tenebroso y solo, donde no conocía a nadie y a duras penas había entrado antes. Sin embargo, en el fondo lo motivaba la idea de emprender esa nueva travesura que lo iba a distraer del castigo. Se sentó y recibió un taller como de 500 hojas (estamos exagerando obvio) pero si eran 8 o 10, el cual era para resolver ese día y tenía temas de todas las materias y de años pasados.

Una vez llegó la hora de recreo Nichi aprovechó el desorden que se creó y que habían entrado chicos de todos los grados a realizar consultas de todas las materias, para llevar a cabo su plan. Algunos libros de sociales los ubicó en la sección de biología; estos en la sección de química; los de química los pasó para religión; lo de religión para inglés, los de inglés para matemáticas, y así hasta que se terminó el descanso. Fue tan divertido ver las expresiones de confusión de los otros chicos del colegio, todos de seguro pensaban que estaban locos o que estaban equivocados y habían buscado en la sección equivocada; pero ninguno sospechaba de la maldad de Nichi.

Al segundo día de castigo, cuando Nichi entró nuevamente a la biblioteca encontró que todos los libros que había movido estaban en su lugar correcto ¿Quéeee? ¿Quién habrá hecho esto? ¿Por qué destruyeron mi obra de arte?  Se preguntó sin entender muchas cosas y esperó a que llegara nuevamente el descanso para otra vez llevar a cabo su plan. Una vez más reubicó los libros de manera desordenada y disfrutó de la confusión. Al tercer día encontró nuevamente los libros en su lugar, ¿otra vez? Eeeegg, ¡pero qué raro! Seguía sin saber quién había reordenado los libros.

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